la opinión musical de Litoscar

Monday, November 26, 2007

El rock' roll no hace caricias

Santa Fe es un complejo comercial en el Distrito Federal, ubicado rumbo a la salida a Toluca. El principal rasgo que lo caracteriza es el marcado contraste con sus alrededores. Cinturones semiurbanos, marginales, de extrema pobreza. En esta zona se pueden observar algunos de los edificios más lujosos del país, y a unas cuantas cuadras casas a punto de derrumbarse, gente hacinada en las laderas de los barrancos, autos abandonados. El segundo aspecto que sobresale en Santa Fe es la frialdad que se experimenta al caminar por sus calles. Lejos de todo fatalismo, deambular por entre los negocios, las agencias de autos, la seguridad exacerbada, la limpieza exagerada, produce una sensación de incomodidad, de resentimiento político, de ganas de huir de ese sitio.

El sábado 27 de octubre, el frío habitual pareció acentuarse para recibir a los miles de asistentes al Manifest 2007 en la Alameda Santa Fe. El grupo encargado de cerrar el festival era INTERPOL. Aunque a menudo oímos hablar de ellos como una banda de culto, fue impresionante la cantidad de gente que convocó: 25, 000 personas. La mayoría de los grupos de rock consumen parte de su tiempo en buscar un estilo propio, que los caracterice. En el caso de INTERPOL no sucede eso, pues son poseedores de un sonido dado, como un saco hecho a la medida. Las expectativas alrededor de Our love to admire, su nuevo disco, de ser la finura del pop, la elegancia en el rock actual, se cumplió en el concierto.

El evento arrancó a la una tarde, el programa anunciaba una variedad de grupos mexicanos antes de que comenzaran su intervención los gabachos. Arribé al Manifest a las siete de la tarde, pues nada sería capaz de hacerme llegar temprano. Al llegar al escenario rojo, el principal, Yo la Tengo ocupaba el escenario. El saldo indicaba que no me había perdido de nada, excepto de The Whitest Boy Alive, que al final todos coincidieron en que fueron la revelación del festival. Es aquí donde comienza ese viejo adagio que señala que el rock n’ roll no hace caricias. Siempre sucede lo mismo en los masivos. Se termina la cerveza. Toda la intervención de Yo la Tengo tuve que admirarla desde la fila para comprar cerveza. Siguió el turno a los Teddy Bears en el escenario verde, sólo pude verlos en las pantallas, desde la fila. Más de una hora y quince minutos estuve formado. Además vendían la Modelo light, caliente, por supuesto. El precio no estaba tan acelerado. Veinticinco pesos sonaba razonable. Pero no el frío que desde las siete y media te inducía dolor en las piernas, las rodillas, etc. La temperatura oscilaba entre los siete y los seis grados.

Entonces a partir de esto el escenario fue todo Nueva York. Conseguí comprarme doce cervezas antes de que el siguiente grupo saliera a escena. The Rapture fueron los encargados de prender a la raza. Pero padecieron las fallas de audio. Por momentos fue la mala ecualización y en otros lapsos el viento, les faltó volumen. En los intervalos en que todo se normalizaba, la multitud entera se convirtió en una fiesta. Suenan igual que en el disco. Qué voz la de Luke Jenner, en vivo es igual a la del estudio. Tocaron casi todas las rolas de su nuevo disco, Pieces of the people we love y algunas del anterior Echoes. Las primeras dos canciones en las que se acompañaron por un saxofonista le dieron un giro al convencional sonido de una banda de rock. The Rapture son el ejemplo viviente de que lo disco no le va tan mal al rock, contrastado con las percusiones, el cencerro incisivo, puro down town, puro Nueva York.

Tocaba el turno a The Horrors, me los perdí al ir al baño. Es obvio que a los organizadores se les vino el tiempo encima y sólo les permitieron tocar dos rolas. Eso sí, a todo lo que dan, estruendosos, con la mejor escenografía de la noche. Lamentablemente el frío calaba tanto que decidieron no retener a la gente y para cuando me dirigía al escenario verde ya habían terminado. Se percibió en la estampida de gente que volvía corriendo a ocupar un lugar en el rojo. Todo indicaba que INTERPOL saldría a las nueve de la noche, la hora programada. Pasados los quince minutos aparecieron.

Comenzaron con Pioneer to the falls, siguieron con N. 1 del Bright lights out. Las expectativas alrededor se cumplieron. Un sonido impecable. Una sobriedad en el escenario. Impusieron el silencio entre los asistentes. Sí, parecían figuras de cera, pero INTERPOL no es una banda para hacer el slam. Resulta increíble que no seas ingleses. Pero no, son de Nueva York. Repasaron lo mejor de Antics y por supuesto casi por completo Our love to admire. Entre pausa y pausa, Paul Banks se comunicaba con el público en perfecto español. Durante su presentación se fue la iluminación, la banda siguió en la oscuridad por casi tres canciones. “Somos nosotros, INTERPOL, se fue la luz por una falla tecnológica, seguimos aquí”, dijo Paul Banks. También hubo deficiencias en el audio, de repente se reblandecía y luego otra vez tomaba su consistencia habitual.

No obstante de los contratiempos, INTERPOL dejó satisfecha a la raza. Las más celebradas fueron Evil, The Heinrich Maneuver y No I in threesome. También lo mejor estuvo en The scale y Rest my chemistry. No faltó quién se quejara de la inmovilidad del escenario, pues no hubo una escenografía fastuosa y los integrantes de la banda se mantuvieron sobrios, impecables. A pesar de todo lo anterior INTERPOL hizo lo imposible, darle algo de energía, calentar un poco la fría zona del vacío existencial de Santa Fe.

1 Comments:

Blogger Enana boicoteadora maldita said...

donde estan los poemas

1:17 PM

 

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